Cuando desde BAIC, el Centro Vasco de Inteligencia Artificial, hablamos de IA con las empresas, la conversación rara vez empieza por la tecnología. Empieza por el gobierno del dato, la normativa, el cambio cultural y por un retorno de la inversión que cuesta concretar. Son preocupaciones legítimas, y además revelan que la IA se construye sobre habilitadores que van mucho más allá de la herramienta, y que funcionan de forma diferente según en qué dimensión de la empresa se esté aplicando. Porque la IA no es una sola cosa, y entender dónde y cómo actúa es el primer paso para liderarla bien.
La IA puede operar en dos capas dentro de cualquier organización. La primera es la IA de productividad personal, la más extendida, aunque a veces de forma espontánea, ya que las personas adoptan o experimentan con sus propias herramientas en sus puestos de trabajo, es la shadow AI. Reconocerla y orientarla es una decisión que se debe tomar desde dirección, ya que es importante orientar y capacitar a las personas y proporcionar un marco estratégico. El impacto de esta capa en la organización no solo está en la mayor eficiencia, sino también en el empoderamiento de las personas que pasan a ser protagonistas activas del cambio. Las organizaciones que gestionan bien esta capa construyen la base para el cambio cultural, que después, les hace posible ir más lejos. La segunda es la IA de procesos y producto, que impulsa el crecimiento y la diferenciación y donde el impacto se mide a través de reducción de costes, mejora de calidad, mayor agilidad operativa, optimización de procesos clave y nuevas propuestas de valor y modelos de negocio.
En cualquiera de las dos capas, una estrategia bien definida marca la diferencia entre un piloto que no escala y una transformación que impacta en los resultados. Los objetivos deben estar alineados con la estrategia corporativa, los indicadores definidos desde el principio y los habilitadores correctamente identificados y abordados. El gobierno del dato, las capacidades tecnológicas, el talento y la normativa son las palancas que hacen posible el escalado.
Las capas describen dónde actúa la IA, pero la velocidad a la que cada empresa avanza en ellas depende de la madurez de su estrategia y la solidez de sus habilitadores. Si hablamos de velocidad o madurez, en Euskadi hay empresas que están dando sus primeros pasos, sensibilizándose y lanzando sus primeros pilotos. Otras ya han superado esa fase y están priorizando casos de uso e integrando pilotos con objetivos y métricas definidas. Y las más avanzadas llevan años construyendo sobre esa base y están trabajando en el escalado con la IA integrada en su propuesta de valor y en su modelo de negocio. Tres velocidades distintas, pero una misma condición para avanzar, una estrategia bien definida y liderada que vaya resolviendo los habilitadores en cada etapa del desarrollo.
Articular todo esto en una estrategia significa tomar decisiones concretas orientadas al impacto definiendo en qué capa actuar primero, qué habilitadores hay que resolver antes de escalar y qué métricas definen el éxito en cada nivel. Liderar esa orientación al impacto significa que la dirección define qué quiere conseguir con la IA, impulsa los cambios organizativos necesarios y mide los resultados con los mismos criterios que cualquier otra decisión estratégica.
El Diagnóstico IA Euskadi 2025 de BAIC muestra cómo Euskadi avanza en este camino. El 80,4% de los agentes vascos ha experimentado ya algún cambio cultural por la introducción de la IA y el gobierno del dato avanza, el 16,8% de las entidades cuenta ya con una estrategia totalmente implementada. Y todo ello en un contexto normativo europeo en pleno desarrollo con el Reglamento Europeo de IA redefiniendo las reglas del juego para todas las organizaciones. La buena noticia es que en Euskadi ninguna empresa tiene que gestionar sola esa complejidad, ya que contamos con un ecosistema que orienta en cada momento del recorrido. El resultado es visible y en nuestro territorio ya hay empresas referentes en energía, aeronáutica, automoción, salud y manufactura avanzada, entre otras, que operan con estrategias consolidadas y resultados medibles.
El 92,6% de los agentes vascos tiene previsto invertir en IA en los próximos años. El desafío es que esa inversión se traduzca en impacto real. Para ello, la IA debe ser una prioridad estratégica liderada desde la dirección. La pregunta ya no es si invertir, sino cómo hacerlo con una estrategia que lo convierta en competitividad real.